No es odio, no es envidia, no es rencor, en realidad no sé muy bien qué es, pero si sé cómo se siente. Es la necesidad de llorar, de gritar a los cuatro vientos lo mal que me siento, es verme fea, gorda. Son las ganas de no quererme, de abandonarme. Son ganas de serme indiferente a mi misma. Es ver en los demás que los inunda la felicidad, y a mí, la soledad. Es desgano, desilusión, cansancio, dolor.
A veces, necesito que me miren, que vean que estoy acá, que existo. Es una fuerza que me obliga a gritar: “Mírame, date vuelta y mírame, date vuelta y volve por favor”.
Pedimos a gritos desesperadamente que abran sus ojos y nos miren, que nos vean, que vean nuestro dolor y nos comprendan.
Hacemos enormes esfuerzos para no necesitar de nadie, para no necesitar de una mirada para existir. Pero somos esclavos de esa mirada, la necesitamos como al aire. Hacemos cualquier cosa por atraer esa mirada, intentamos ponernos en el campo visual del otro, quisiéramos tener un reflector que nos ilumine, quisiéramos brillar para ser mirados. Necesito esa mirada inesperada, fuera de todo calculo, esa mirada que nos ve cuando no nos sentimos mirados y por lo tanto nos mostramos mejor. Una mirada capaz de atravesar la máscara y ver lo que hay detrás.
Es imposible que nos mire a una mirada vacía, vaciada. Pero lo queramos o no somos esclavos de esa mirada porque todos somos luces apagadas que solo se encienden cuando alguien nos mira. Por eso es que hoy me siento así, sola, vacía, con ganas de llorar, de gritar.
Hacemos enormes esfuerzos para no necesitar de nadie, para no necesitar de una mirada para existir. Pero somos esclavos de esa mirada, la necesitamos como al aire. Hacemos cualquier cosa por atraer esa mirada, intentamos ponernos en el campo visual del otro, quisiéramos tener un reflector que nos ilumine, quisiéramos brillar para ser mirados. Necesito esa mirada inesperada, fuera de todo calculo, esa mirada que nos ve cuando no nos sentimos mirados y por lo tanto nos mostramos mejor. Una mirada capaz de atravesar la máscara y ver lo que hay detrás.
Es imposible que nos mire a una mirada vacía, vaciada. Pero lo queramos o no somos esclavos de esa mirada porque todos somos luces apagadas que solo se encienden cuando alguien nos mira. Por eso es que hoy me siento así, sola, vacía, con ganas de llorar, de gritar.
Son solamente miradas que vienen y van.